Uno de los problemas de salud mental por el que los psicólog@s somos visitados es la DEPRESIÓN, acompañado, en muchas ocasiones, de su amiga la ansiedad.
En el caso de los adultos, la depresión es un tema recurrente, la cual al momento de diagnosticarla, podemos situar al paciente en 3 niveles: leve, moderado y severo.
Es común, que ante el desconocimiento sobre dicha enfermedad o el estigma social que aún tienen los trastornos mentales, el paciente llegue a la consulta en una fase muy avanzada de la enfermedad, lo cual provoca mayor duración en su proceso psicoterapéutico, así como en su tratamiento psiquiátrico.
Por lo tanto, aún en un nivel de depresión leve, debemos ya estar atentos a síntomas como: tristeza recurrente, pérdida de interés ante ciertas actividades, desesperanza, irritabilidad, pérdida de apetito o más apetito de lo normal, aislamiento social, familiar, insomnio o somnolencia a lo largo del día, entre otros. Tendremos que tener mayor cuidado cuando su duración sobrepasa una semana y cuando se presentan de 3 a 5 síntomas.
Es importante mencionar que la depresión puede tener un origen genético, biológico, social o psicológico, por lo tanto, dejemos de lado las creencias como que: “sólo quiere llamar la atención”, “es su forma de ser, no tiene lucha” o “yo sol@ puedo controlarme”. Por lo general, al no tratar la depresión y dejarla que avance, puede deslumbrar otras enfermedades mentales como ansiedad, síndrome limítrofe de la personalidad, bipolaridad, etc.
Con base a lo anterior, es recomendable siempre acudir directamente con un especialista en salud mental, el cual tenga una formación clínica (en el caso de l@s psicólog@), así como un médico con especialidad en psiquiatría y así lograr un tratamiento integral, el cual garantice su recuperación.

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