Es común escuchar a personas decir que no les gusta estar a solas, que no les gusta el silencio. Generalmente buscan que haya ruido a su alrededor, música, la televisión encendida, algún video para entretenerse, lo que sea que los aleje de sus pensamientos.
Estamos acostumbrados a vivir en la prisa, los pendientes, los deberías y es hasta llegada la noche cuando nos damos cuenta que otro día ha transcurrido y lo vivimos sin haberlo notado mucho. Vivir a prisa nos genera una activación orgánica importante, mente y cuerpo deben trabajar a prisa para poder cumplir con las demandas que les hacemos, así nuestros niveles de estrés siempre están altos y cuando esto se vuelve un continuo se mantienen elevados de manera crónica.
Es verdad que cuando te dedicas a estar en silencio podrás escuchar mejor tus pensamientos y es verdad que esos pensamientos no siempre son agradables y placenteros, de echo lo más probable es que puedan ser incómodos, tan es así que has preferido callarlos con ruido. Pero ¿qué crees? por más ruido que agregues los pensamientos nunca se van, siguen ahí haciéndose presentes y cada vez aumentando más su volumen buscando ser atendidos. A veces nos gritan a través de alguna enfermedad, a través de tics nerviosos, insomnio, manías o incluso a través de algún desorden mental.
Estar en silencio es colocarnos en una posición neutral, es estar en el vacío, justo en donde se encuentra el presente, en donde te encuentras tú existiendo, sin demandas, sin expectativas y con total libertad. Desde ese punto puedes observar a lo lejos tus pensamientos en una posición neutral para comprender cuáles y de qué manera es mejor atenderles.
Te invito a que a partir de hoy te regales unos minutos al día para estar en silencio y encontrar el placer de conectar con tu respiración y ser consciente de tus sensaciones, de ser y estar en la plenitud de tu consciencia. Para esto puedes apoyarte de algunos ejercicios, tan solo 5 minutos es un ben comienzo y poco a poco podrás ir aumentando la duración de tu práctica. Sigue estos pasos:
Busca un lugar cómodo, si eres de las personas que viven con el celular cerca de ti ponlo en silencio, no en vibrador, en silencio o mejor aún apágalo. Colócate en una posición cómoda, es mejor que evites recostarte sobre todo al principio ya que es posible que te puedas quedar dormido/a y lo que buscamos es que entres a un estado de atención plena, no de reposo.
Cierra tus ojos y pon toda tu atención en tu respiración, siente como el aire entra y sale de tu cuerpo. Observa, no intentes modificarla o controlarla, solo observa, siente, conecta con tu respiración. Varios pensamiento estarán llegando a tu mente, no les prestes atención ni para retenerlos ni para que se vayan, déjalos pasar y solo vuelve tu atención a tu respiración. Mantén tu atención ahí, los pensamientos irán y vendrán, cada vez que te des cuenta de que estás en ellos regresa suavemente la atención a tu respiración. Date permiso de vivir la experiencia sin expectativas, solo experiméntalo, vívelo y disfruta. No hay más que hacer, solo estar presente.
Lo común es que al principio cueste trabajo, recuerda que estamos acostumbrados a vivir en el automatismo y con esto en la desconexión de nuestras sensaciones y emociones. La práctica continua hará cada vez más fácil y enriquecedora la experiencia. En poco tiempo podrás notar interesantes cambios en tu estado de ánimo, en tu claridad mental y un mejor entendimiento de ti misma/o y de lo que hay que trabajar de manera personal para que vivas con mayor plenitud.

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