El psicodiagnóstico es una herramienta que toma especial relevancia cuando se trabaja con las infancias.
Comprendamos que para las personas adultas resulta difícil poder entender qué sentimos y qué hacer con lo que sentimos, al tiempo que se activan una serie de defensas personales que intentan protegernos del sufrimiento, así pues, todos nuestras estrategias de afrontamiento actúan mayormente de manera impulsiva e instintiva sin un sentido consciente y en la mayoría de los casos, poco saludables y asertivos.
Podrás imaginar que tan difícil como lo es para un adulto resulta para un niño a quien además habrá que sumarle el hecho de que su estructura mental y sus procesos cognitivos siguen en desarrollo y construcción, por tanto se torna complicado poder expresar lo que ocurre en su mundo interno.
A través del psicodiagnóstico del estado emocional podemos vislumbrar un panorama general de lo que sucede en el interior del niño o la niña, de lo que percibe y cómo lo entiende, de cómo están funcionando sus procesos mentales, sus mecanismos de defensa, sus niveles de ansiedad y los factores de conflicto. No se trata para nada de descifrar qué le causa problema o quién, si no de comprender qué factores están asociados con las problemáticas que vive y los comportamientos que se activan para gestionar los conflictos internos. Con esto es posible establecer un mejor plan de intervención terapéutico y otorgar recursos a sus cuidadores para poder ofrecerle una vida más saludable a sus hijos e hijas.

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