Muchas veces dentro del consultorio es común escuchar a los pacientes que hacen alusión a las emociones como algo negativo, que buscan escapar de ellas e incluso otros viven anestesiados de sentirlas. Lo anterior es normal creerlo debido a la poca educación emocional con la que muchas generaciones hemos crecido, pero lejos de ayudarnos, nos termina creando mayor malestar al momento de gestionarlas.
Las emociones, agradables o desagradables, tienen una función específica para ayudarnos a sobrevivir y han existido desde el inicio de la humanidad. Las emociones son energía que se mueve a través del cuerpo y nos ofrecen información sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea, como si fueran mensajeras que nos orientan en nuestro día a día.
Son muchas las emociones que existen, desde las más básicas como alegría, enojo, tristeza y otras más complejas como la culpa o vergüenza. Aquí te explicaré las funciones de algunas de ellas:
- El Enojo: Aparece cuando percibimos una injusticia o amenaza, ayudándonos a defendernos y poner límites.
- La Tristeza: Surge ante una pérdida, buscando que asimilemos esa pérdida para reintegrarla y salir adelante.
- La Alegría: Llega cuando algo es positivo o gratificante, vinculándonos con otras personas para compartir y repetir esas sensaciones.
- El Miedo: Surge ante una amenaza (real o imaginaria), buscando protegernos de los peligros y nos impulsa a evitar la situación, paralizarnos o atacar.
¿Qué puedo hacer con mis emociones?
- Identifícalas: Presta atención a las señales físicas de tu cuerpo para saber cuáles son las emociones que estás sintiendo.
- Valídalas: Entiende que cada emoción está ahí por algo y necesita de tu aceptación para poder gestionarlas.
- Reflexiona sobre tus pensamientos: Cada vez que presentes una emoción intensa, pregúntate ¿Qué pensamiento surgió en mi mente? Nuestros pensamientos están estrechamente relacionados con nuestras emociones.
- Aprende a tolerar la incomodidad: No todas las emociones son agradables, pero son parte natural de la experiencia humana. Todas suelen ser pasajeras.
- Gestiónalas adecuadamente: Muchas veces el problema no está en la emoción sino en cómo la expresamos, por lo que es importante hacerlo de forma adaptativa y saludable. Una estrategia que ayuda a reducir la intensidad de una emoción son las respiraciones profundas.
Las emociones son tus aliadas para acercarte a una vida más plena. ¡Utilízalas desde la sabiduría que cada una te ofrece!

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